martes, 19 de marzo de 2013

Imagina que eres una célula...

Como ya anuncié en el Facebook de Por Ciencia Infusa,  este año el British Council y la Federación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT) organizaban por primera vez en España el concurso de monólogos científicos Famelab.  Podía participar cualquier persona trabajando en ciencia y el objetivo era contar el tema de tu proyecto en un video de 3 minutos que fuera asequible para todos los públicos y a ser posible divertido. La idea me encantó así que me puse manos a la obra y grabé mi pequeña contribución. No he sido seleccionada (ohhhh) pero como al fin y al cabo se trata de hablar de ciencia y contagiar a la gente de la importancia de la investigación y el conocimiento científico, me  he decidido a poner el video en el blog. Si tenéis curiosidad por saber lo que es la epigenética o por qué estudiarla en plantas, dadle al play, eso sí, sed benévolos porque está claro que el video tiene fallos, es casero y yo… ¡no soy Punset!




El video no hubiera sido posible sin los comentarios y sugerencias de Crisanto, la inestimable ayuda de Patri y María en la dirección, los decorados de Dani,  los ánimos y comentarios de Kike y las sugerencias de atrezzo de mi hermana Irene. Gracias a todos los que visteis el video y pensasteis que podía funcionar.  De nuevo, ¡muchas gracias!

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Imagina que eres una célula...

Como ya anuncié en el Facebook de Por Ciencia Infusa,  este año el British Council y la Federación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT) organizaban por primera vez en España el concurso de monólogos científicos Famelab.  Podía participar cualquier persona trabajando en ciencia y el objetivo era contar el tema de tu proyecto en un video de 3 minutos que fuera asequible para todos los públicos y a ser posible divertido. La idea me encantó así que me puse manos a la obra y grabé mi pequeña contribución. No he sido seleccionada (ohhhh) pero como al fin y al cabo se trata de hablar de ciencia y contagiar a la gente de la importancia de la investigación y el conocimiento científico, me  he decidido a poner el video en el blog. Si tenéis curiosidad por saber lo que es la epigenética o por qué estudiarla en plantas, dadle al play, eso sí, sed benévolos porque está claro que el video tiene fallos, es casero y yo… ¡no soy Punset!




El video no hubiera sido posible sin los comentarios y sugerencias de Crisanto, la inestimable ayuda de Patri y María en la dirección, los decorados de Dani,  los ánimos y comentarios de Kike y las sugerencias de atrezzo de mi hermana Irene. Gracias a todos los que visteis el video y pensasteis que podía funcionar.  De nuevo, ¡muchas gracias!

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domingo, 10 de marzo de 2013

La psoriasis: un montón de queratinocitos



La  visión que los científicos tenían sobre la psoriasis ha cambiado por completo en los últimos años. Se ha logrado comprender mejor la enfermedad, los factores implicados y los procesos que se alteran en los enfermos, facilitando estos avances el desarrollo de nuevos tratamientos muy eficaces. Pero, ¿qué sucede en la piel de un enfermo de psoriasis? ¿por qué se produce? ¿qué medicinas hay disponibles?

La revista Nature publicaba a finales de 2012 un suplemento dedicado enteramente a la psoriasis, recogiendo los últimos avances en el conocimiento y tratamiento de la enfermedad que se calcula afecta a un 2-3% de la población mundial, presentándose en más de un 75% de los casos antes de los 40 años.

La psoriasis es muy heterogénea y se presenta en distintos grados, siendo más comunes las formas suaves.

La psoriasis es una enfermedad autoinmune, crónica y no contagiosa que se caracteriza por la presencia de placas rojizas en la piel de los enfermos, que pueden picar o doler. Estas lesiones se producen porque los queratinocitos,  las células más abundantes en la epidermis (la capa más superficial de la piel), se dividen 10 veces más rápido de lo normal y no maduran adecuadamente. En las zonas afectadas se encontraban también abundantes células T (agentes del sistema inmune) y había inflamación crónica, que se pensaba era una consecuencia de la excesiva división de los queratinocitos. Sin embargo, en 1994 se descubrió que tratando a los pacientes de psoriasis con medicinas que afectaban a las células inmunitarias (la policía del cuerpo) las lesiones mejoraban y hasta desaparecían: un fallo en el sistema inmune parecía estar detrás de la psoriasis.   

No se conoce la causa última que desencadena la enfermedad pero al parecer algún agente (estrés, daño, una infección) activaría las células dendríticas (en la piel las de Langerhans, que detectan sustancias extrañas y se las enseñan a las células efectoras del sistema inmune), que comenzarían a producir sustancias inflamatorias (citoquinas), que activarían y atraerían a su vez otras células productoras de citoquinas, como los linfocitos T-helper17, que a su vez producirían más citoquinas y activarían la hiperproliferación de los queratinocitos. Mientras que en condiciones normales las citoquinas dirigen el desarrollo de los queratinocitos para por ejemplo regenerar la piel y cicatrizar heridas, en los casos de psoriasis las citoquinas del sistema inmune son las responsables del incorrecto desarrollo de estas células y de la formación de las molestas placas.


En esta imagen del Nature Outlook se esquematiza el modelo de la enfermedad


La psoriasis también tiene un componente genético. En los últimos años se han realizado diversos estudios que han identificado 36 regiones en el genoma que confieren susceptibilidad a la psoriasis. 11 de ellas están relacionadas con la inmunidad innata, aquella que no requiere memoria y es inespecífica, uno de cuyos agentes son los propios queratinocitos, que producen entre otras sustancias citoquinas y péptidos antimicrobianos para defender a la piel de posibles invasores. Los investigadores siempre habían relacionado la psoriasis con la inmunidad adaptativa por la abundante presencia de células T en las zonas lesionadas y por la efectividad de las medicinas que actuaban sobre estas células, sin embargo, estos nuevos datos podrían apuntar a un inicio de la psoriasis en los propios queratinocitos: ¿y si es una respuesta inflamatoria exagerada de los queratinocitos la que atrae a la inmunidad innata? Como no se conoce la auténtica causa de la psoriasis, aún no está claro qué parte del sistema inmune falla primero.

Buscando la causa de la psoriasis en 2009 se inició el proyecto Microbiome, que ha identificado y mapeado las poblaciones de bacteria que viven habitualmente en nuestra piel sana. En nuestro cuerpo viven nada menos que unos 100 trillones de bacterias y, mientras que siempre se ha reconocido los efectos beneficiosos de las bacterias intestinales, tradicionalmente se ha prestado poca atención a los microbios que viven en nuestra superficie. Sin embargo, podría ser que estas bacterias fueran importantes para que el sistema inmune responda con eficacia a los ataques patógenos y también que determinados desequilibrios en estas poblaciones se relacionen con el inicio de enfermedades como el eczema o la psoriasis, si bien el vínculo con ésta última aún no está probado.

La semana pasada, tres estudios en Nature destapaban un factor insospechado que podría favorecer distintas enfermedades autoinmunes: la sal. Al parecer un aumento moderado de la concentración de sal en células de cultivo hacía que hubiese más SGK1, una proteína que en otras células controla el balance de sales. A su vez se activaba la producción de proteínas inflamatorias y aumentaba el número de linfocitos T helper productores de  más citoquinas. En un modelo de ratón para esclerosis múltiple, aquellos con una dieta rica en sal desarrollaban una forma más grave de la enfermedad. Así, la sal podría favorecer la inflamación y ser un factor de riesgo en las enfermedades autoinmunes. 



El estrés tampoco es ajeno a la psoriasis: parece que aumenta la inflamación de manera inespecífica y en muchos pacientes la aparición de placas aumenta cuatro semanas después de pasar por períodos de estrés. La conexión entre sistema nervioso e inmune no es nueva (ocurre en otras muchas enfermedades) y tiene raíces profundas: la piel y el cerebro tienen un origen embrionario común. Además existen células (como las de Langerhans o los mastocitos) que se sitúan cerca de las fibras nerviosas y podrían activarse con las hormonas que se liberan en momentos de estrés, agravando la respuesta del cuerpo a la situación de tensión. La psoriasis en sí también crea estrés, especialmente cuando se presenta en zonas visibles del cuerpo, y podría ser necesario enseñar a los pacientes a manejar mejor los momentos de agobio para que éstos no queden grabados en su piel.


La psoriasis  sin embargo no sólo afecta a la piel. Recientemente un estudio ha revelado la relación que existe entre los casos graves de psoriasis y un aumento del riesgo cardiovascular. Parece que síntomas como la diabetes , la hipertensión y la obesidad son más comunes en los enfermos gravemente afectados por la psoriasis que en la población general  y por tanto estos aspectos no pueden olvidarse a la hora de dar un tratamiento.

Por suerte existen muchas medicinas eficaces para la psoriasis grave: tratamientos biológicos con anticuerpos que bloquean las citoquinas implicadas en la cascada inflamatoria de la enfermedad. En el mercado hay actualmente cinco (la más reciente Stelara de Janssen Biotech) y otras cuatro están en fase III con muy buenos resultados. Sin embargo el tratamiento es muy caro (17500 dólares por paciente y por año) y debe ser inyectado, lo que las limita a los casos más graves. El 90% de los afectados por psoriasis tiene una forma moderada o suave para la que existen pocos tratamientos, además de tomar el sol. Para estos casos, hay dos medicinas en fase III (Apremilast de Celgene y Tofacitinib de Pfizer) basadas en pequeñas moléculas que tratan de impedir la síntesis de citoquinas o bloquear los receptores celulares de las citoquinas asociadas con psoriasis. Por el momento no son tan apabullantemente eficaces como las biológicas pero son seguras y pueden tomarse en pastilla. También se trabaja en el desarrollo de pomadas.

En esta tabla del suplemento, las medicinas actuales y futuras contra la psoriasis


El panorama con la psoriasis es bastante halagüeño pero mientras la psoriasis siga presente en la población, una de las formas más fáciles de ayudar a los afectados es dar a conocer esta enfermedad no contagiosa y no mostrar rechazo ante las señales visibles de la enfermedad: ¡sólo se trata de un montón de queratinocitos! 


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La psoriasis: un montón de queratinocitos



La  visión que los científicos tenían sobre la psoriasis ha cambiado por completo en los últimos años. Se ha logrado comprender mejor la enfermedad, los factores implicados y los procesos que se alteran en los enfermos, facilitando estos avances el desarrollo de nuevos tratamientos muy eficaces. Pero, ¿qué sucede en la piel de un enfermo de psoriasis? ¿por qué se produce? ¿qué medicinas hay disponibles?

La revista Nature publicaba a finales de 2012 un suplemento dedicado enteramente a la psoriasis, recogiendo los últimos avances en el conocimiento y tratamiento de la enfermedad que se calcula afecta a un 2-3% de la población mundial, presentándose en más de un 75% de los casos antes de los 40 años.

La psoriasis es muy heterogénea y se presenta en distintos grados, siendo más comunes las formas suaves.

La psoriasis es una enfermedad autoinmune, crónica y no contagiosa que se caracteriza por la presencia de placas rojizas en la piel de los enfermos, que pueden picar o doler. Estas lesiones se producen porque los queratinocitos,  las células más abundantes en la epidermis (la capa más superficial de la piel), se dividen 10 veces más rápido de lo normal y no maduran adecuadamente. En las zonas afectadas se encontraban también abundantes células T (agentes del sistema inmune) y había inflamación crónica, que se pensaba era una consecuencia de la excesiva división de los queratinocitos. Sin embargo, en 1994 se descubrió que tratando a los pacientes de psoriasis con medicinas que afectaban a las células inmunitarias (la policía del cuerpo) las lesiones mejoraban y hasta desaparecían: un fallo en el sistema inmune parecía estar detrás de la psoriasis.   

No se conoce la causa última que desencadena la enfermedad pero al parecer algún agente (estrés, daño, una infección) activaría las células dendríticas (en la piel las de Langerhans, que detectan sustancias extrañas y se las enseñan a las células efectoras del sistema inmune), que comenzarían a producir sustancias inflamatorias (citoquinas), que activarían y atraerían a su vez otras células productoras de citoquinas, como los linfocitos T-helper17, que a su vez producirían más citoquinas y activarían la hiperproliferación de los queratinocitos. Mientras que en condiciones normales las citoquinas dirigen el desarrollo de los queratinocitos para por ejemplo regenerar la piel y cicatrizar heridas, en los casos de psoriasis las citoquinas del sistema inmune son las responsables del incorrecto desarrollo de estas células y de la formación de las molestas placas.


En esta imagen del Nature Outlook se esquematiza el modelo de la enfermedad


La psoriasis también tiene un componente genético. En los últimos años se han realizado diversos estudios que han identificado 36 regiones en el genoma que confieren susceptibilidad a la psoriasis. 11 de ellas están relacionadas con la inmunidad innata, aquella que no requiere memoria y es inespecífica, uno de cuyos agentes son los propios queratinocitos, que producen entre otras sustancias citoquinas y péptidos antimicrobianos para defender a la piel de posibles invasores. Los investigadores siempre habían relacionado la psoriasis con la inmunidad adaptativa por la abundante presencia de células T en las zonas lesionadas y por la efectividad de las medicinas que actuaban sobre estas células, sin embargo, estos nuevos datos podrían apuntar a un inicio de la psoriasis en los propios queratinocitos: ¿y si es una respuesta inflamatoria exagerada de los queratinocitos la que atrae a la inmunidad innata? Como no se conoce la auténtica causa de la psoriasis, aún no está claro qué parte del sistema inmune falla primero.

Buscando la causa de la psoriasis en 2009 se inició el proyecto Microbiome, que ha identificado y mapeado las poblaciones de bacteria que viven habitualmente en nuestra piel sana. En nuestro cuerpo viven nada menos que unos 100 trillones de bacterias y, mientras que siempre se ha reconocido los efectos beneficiosos de las bacterias intestinales, tradicionalmente se ha prestado poca atención a los microbios que viven en nuestra superficie. Sin embargo, podría ser que estas bacterias fueran importantes para que el sistema inmune responda con eficacia a los ataques patógenos y también que determinados desequilibrios en estas poblaciones se relacionen con el inicio de enfermedades como el eczema o la psoriasis, si bien el vínculo con ésta última aún no está probado.

La semana pasada, tres estudios en Nature destapaban un factor insospechado que podría favorecer distintas enfermedades autoinmunes: la sal. Al parecer un aumento moderado de la concentración de sal en células de cultivo hacía que hubiese más SGK1, una proteína que en otras células controla el balance de sales. A su vez se activaba la producción de proteínas inflamatorias y aumentaba el número de linfocitos T helper productores de  más citoquinas. En un modelo de ratón para esclerosis múltiple, aquellos con una dieta rica en sal desarrollaban una forma más grave de la enfermedad. Así, la sal podría favorecer la inflamación y ser un factor de riesgo en las enfermedades autoinmunes. 



El estrés tampoco es ajeno a la psoriasis: parece que aumenta la inflamación de manera inespecífica y en muchos pacientes la aparición de placas aumenta cuatro semanas después de pasar por períodos de estrés. La conexión entre sistema nervioso e inmune no es nueva (ocurre en otras muchas enfermedades) y tiene raíces profundas: la piel y el cerebro tienen un origen embrionario común. Además existen células (como las de Langerhans o los mastocitos) que se sitúan cerca de las fibras nerviosas y podrían activarse con las hormonas que se liberan en momentos de estrés, agravando la respuesta del cuerpo a la situación de tensión. La psoriasis en sí también crea estrés, especialmente cuando se presenta en zonas visibles del cuerpo, y podría ser necesario enseñar a los pacientes a manejar mejor los momentos de agobio para que éstos no queden grabados en su piel.


La psoriasis  sin embargo no sólo afecta a la piel. Recientemente un estudio ha revelado la relación que existe entre los casos graves de psoriasis y un aumento del riesgo cardiovascular. Parece que síntomas como la diabetes , la hipertensión y la obesidad son más comunes en los enfermos gravemente afectados por la psoriasis que en la población general  y por tanto estos aspectos no pueden olvidarse a la hora de dar un tratamiento.

Por suerte existen muchas medicinas eficaces para la psoriasis grave: tratamientos biológicos con anticuerpos que bloquean las citoquinas implicadas en la cascada inflamatoria de la enfermedad. En el mercado hay actualmente cinco (la más reciente Stelara de Janssen Biotech) y otras cuatro están en fase III con muy buenos resultados. Sin embargo el tratamiento es muy caro (17500 dólares por paciente y por año) y debe ser inyectado, lo que las limita a los casos más graves. El 90% de los afectados por psoriasis tiene una forma moderada o suave para la que existen pocos tratamientos, además de tomar el sol. Para estos casos, hay dos medicinas en fase III (Apremilast de Celgene y Tofacitinib de Pfizer) basadas en pequeñas moléculas que tratan de impedir la síntesis de citoquinas o bloquear los receptores celulares de las citoquinas asociadas con psoriasis. Por el momento no son tan apabullantemente eficaces como las biológicas pero son seguras y pueden tomarse en pastilla. También se trabaja en el desarrollo de pomadas.

En esta tabla del suplemento, las medicinas actuales y futuras contra la psoriasis


El panorama con la psoriasis es bastante halagüeño pero mientras la psoriasis siga presente en la población, una de las formas más fáciles de ayudar a los afectados es dar a conocer esta enfermedad no contagiosa y no mostrar rechazo ante las señales visibles de la enfermedad: ¡sólo se trata de un montón de queratinocitos! 


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martes, 19 de febrero de 2013

Marie Curie, una nueva luz


Cuentan que a Marie Curie le encantaba observar por las noches  el resplandor que se formaba en el cobertizo donde trabajaban aislando radio. Ella y su marido Pierre habían descubierto dos elementos nuevos y empezaban a profundizar en la naturaleza de la radioactividad. ¿Cómo fue su historia?

Marie y Pierre Curie


No quiero convertir este post en una enumeración de datos biográficos (cualquiera interesado en profundizar en el detalle puede leer por ejemplo Curie, de Sarah Dry y Sabine Seifert, que es el libro que me han prestado y que recomiendo), pero me gustaría destacar algunos rasgos de los dos protagonistas y cómo con su incansable trabajo en el laboratorio revolucionaron las ciencias, a Francia y el mundo entero.

Manya (en el centro) con sus hermanos

Los más despistados quizás desconozcan que Marie Curie no era francesa sino que había nacido en una Polonia descompuesta, concretamente en Varsovia, ciudad que entonces se hallaba bajo dominio ruso. De soltera respondía al nombre de Manya Sklodowska y desde bien temprano tuvo claro que el estudio y el trabajo serían la manera en que ella ayudaría a su querida y maltratada nación. Sin embargo, las mujeres no podían ir a la universidad en Polonia y la tierra de las oportunidades en aquel momento se llamaba París. Por eso, durante cuatro años trabajó como institutriz para ayudar a financiar los estudios de  medicina de su hermana Bronia en la capital francesa.  Tras la larga espera, cuando su hermana podía ya ayudarla a ella, Manya también se trasladó a  París, donde se licenció en física y  matemáticas. En casa de un amigo conoció a Pierre, también físico y la atracción entre los dos fue inmediata. Así como Marie había buscado y disfrutado la libertad que había ganado en París, Pierre había vivido con sus padres hasta que se casara con Marie, un año después de conocerla. Era un joven idealista, 8 años mayor que Marie y totalmente impermeable a las convenciones sociales: de niño había sido educado en casa y su propósito era dedicar su vida al trabajo científico.  La luna de miel fue un viaje en bicicleta por Île-de-France.

Con sus queridas bicicletas...
 Empujado por Marie, Pierre presentó su doctorado en magnetismo y fue designado profesor de la EPCI (Escuela de Física y Química Industriales de la ciudad de París). Mientras tanto, Marie quería investigar pero primero se aseguró un sueldo como profesora en una escuela femenina. Dos años después de casarse nacería la primera hija del matrimonio, Irène, y Marie iniciaría su doctorado.

Marie con sus hijas Irène y Ève
 Los rayos X, descubiertos por Röntgen, causaron un fuerte impacto científico y social y muchos investigadores dedicaron sus energías a estudiar estos y otros rayos. Uno de ellos era Henri Becquerel, que estaba buscando sustancias que emitieran rayos X u otras radiaciones al ser estimuladas por la radiación solar. Cuál fue su sorpresa cuando descubrió que las sales de uranio emitían una radiación capaz de atravesar el metal y dejar grabada su impronta en una placa fotográfica sin necesidad de iluminarlas. Él mismo apuntó que estas radiaciones electrificaban el aire, pero sus resultados no causaron gran impresión. Sin embargo a Marie le parecieron interesantes y se propuso analizar distintos materiales y comprobar si electrificaban más o menos el aire utilizando un instrumento, el electrómetro piezoeléctrico, que habían construido años antes Pierre y su hermano. Obtuvo sus primeros resultados positivos con el torio. Analizó entonces la pecblenda, un mineral que contiene uranio y otras sustancias y comprobó que las propiedades electrificantes de este mineral eran muy superiores a las del uranio, todo indicaba que debía haber otras sustancias y  en este punto se unió Pierre al proyecto. Determinaron que se trataba de un nuevo elemento, al que llamaron Polonio. Tras cinco meses de vacaciones descubrieron otro elemento aún más potente al que llamaron radio. No sólo habían añadido dos elementos nuevos a la lista sino que además determinaron que lo que denominaron “radioactividad”  era una propiedad atómica,  que no dependía de la forma química que adoptase el elemento o de las condiciones ambientales: parecía que los átomos no eran las esferas inmutables de Newton sino que tenían una cierta inestabilidad, cambiando por completo la visión que se tenía del átomo en aquel entonces.

Fragmento de uno de los cuadernos de Marie


Pero no todo el trabajo estaba hecho. Para probar de manera determinante la existencia de los dos nuevos elementos tenían que aislarlos y se pusieron manos a la obra en un viejo cobertizo que les prestó la escuela donde trabajaba Pierre. Se inician entonces 3 años de trabajo incansable, procesando toneladas de pecblenda, removiendo ollas, acumulando probetas y separando poco a poco el luminoso radio, que inundaba el destartalado laboratorio de luz contagiosa y trasladaba su fosforescencia a otros materiales, incluso a los cuadernos de laboratorio que hoy en día se conservan en la Biblioteca Nacional de Francia y siguen siendo altamente radiactivos.  Más allá de las quemaduras que a veces sufrían, los Curie nunca se preocuparon en exceso por los efectos nocivos que pudiera tener la radiación, a pesar de que las cicatrices duraban meses, sufrían mucho cansancio, temblores y dolor de huesos. El estoicismo y el romance de la pareja encandilaron a la prensa y se hicieron famosos, situación que incomodaba bastante a los Curie. A pesar que se preveía que las aplicaciones del radio iban a ser numerosas, por ejemplo en medicina, la pareja no quiso patentar el proceso de aislamiento del radio y seguían viviendo modestamente, trabajando en el ruinoso galpón. En 1903 el Nobel de física, que se les concedió a ambos junto a Henri Becquerel por sus estudios sobre la radioactividad, aliviaría la situación económica de la pareja y les daría fama mundial. Sería el primer Nobel concedido a una mujer.

Marie en su laboratorio

Gracias a sus descubrimientos Pierre fue admitido en la Academia de Ciencias francesa y a finales de 1904 se le nombró profesor en la Sorbona. A la también laureada Marie, que además había iniciado el proyecto clave, se la nombró sin embargo su ayudante. A finales de 1904 nació Ève, la segunda hija del matrimonio.
Tanta felicidad tenía sin embargo fecha de caducidad, y es que el 19 de abril de 1906 Pierre moría atropellado por un coche de caballos en la rue Dauphine, sumiendo a Marie en una profunda tristeza.  A pesar de todo, nuestra protagonista siguió adelante, siendo nombrada profesora de la Sorbona poco después de enviudar. 

Una foto del congreso Solvay: Einstein, Curie, Perrin, Poincaré, Planck, Rutherford, Langevin y otras grandes mentes.

Continuó trabajando duramente y solicitó un sillón en la Academia de Ciencias francesa, algo que no agradaba a la prensa conservadora y  que finalmente no le fue concedido. En el plano sentimental Marie había iniciado una relación furtiva con Paul Langevin, otro profesor que estaba casado. Tras el primer congreso Solvay en 1911, donde se habían reunido los grandes físicos de la época para hablar de la radiación y los cuantos, el affaire se filtró a la prensa y a punto estuvo de costarle a Marie el segundo premio Nobel, ésta vez en química, por sus descubrimientos del radio y el polonio.  Se inició una nueva campaña de desprestigio, que cuestionaba los méritos de Marie para este segundo premio y además Curie pasó a ser considerada de nuevo extranjera y nada menos que  enemiga de las madres francesas. A Paul Langevin le costaría un duelo y el divorcio.

Paul Langevin y sus bigotes
Marie cayó enferma y fue cuidada por sus amigos, sólo retomó su trabajo un año después. Se había iniciado la construcción del Instituto del Radio. La Primera Guerra Mundial pondría todo patas arriba pero Marie no se iba a quedar de brazos cruzados. Tras poner a salvo ella misma el radio aislado hasta el momento y haciendo gala de una increíble valentía, Marie montó una flota de ambulancias equipadas con equipos de rayos X para asistir a los soldados heridos en el frente. Ella misma se desplazaba allí donde se requería su trabajo. Además formó muchos técnicos de rayos y su propia hija, Irène, participó en este servicio, viviendo el conflicto en primera persona.

Irène con su madre

En los últimos años de la vida de Marie cobra importancia la figura de Marie Meloney, una periodista norteamericana que popularizó la figura de la gran científica en Estados Unidos, restaurando su imagen. Además con los fondos recaudados por todo el país se consiguió dinero suficiente para comprar dos gramos de radio y otros materiales para investigación. Otro motivo de alegría para Marie serían las investigaciones de su hija Irène y su yerno, Fréderic Joliot-Curie. No viviría sin embargo para ver que se les había concedido el Premio Nobel de química en 1935, pues murió de leucemia un año antes dejando eso sí, un mundo un poco más iluminado.

Dedicado a Patricia, mi mejor amiga y dueña del libro. Ella lo leyó primero con entusiasmo radioactivo.
Para saber más...
http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/physics/articles/curie/ 
Curie - Sarah Dry y Sabine Seifert

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Marie Curie, una nueva luz


Cuentan que a Marie Curie le encantaba observar por las noches  el resplandor que se formaba en el cobertizo donde trabajaban aislando radio. Ella y su marido Pierre habían descubierto dos elementos nuevos y empezaban a profundizar en la naturaleza de la radioactividad. ¿Cómo fue su historia?

Marie y Pierre Curie


No quiero convertir este post en una enumeración de datos biográficos (cualquiera interesado en profundizar en el detalle puede leer por ejemplo Curie, de Sarah Dry y Sabine Seifert, que es el libro que me han prestado y que recomiendo), pero me gustaría destacar algunos rasgos de los dos protagonistas y cómo con su incansable trabajo en el laboratorio revolucionaron las ciencias, a Francia y el mundo entero.

Manya (en el centro) con sus hermanos

Los más despistados quizás desconozcan que Marie Curie no era francesa sino que había nacido en una Polonia descompuesta, concretamente en Varsovia, ciudad que entonces se hallaba bajo dominio ruso. De soltera respondía al nombre de Manya Sklodowska y desde bien temprano tuvo claro que el estudio y el trabajo serían la manera en que ella ayudaría a su querida y maltratada nación. Sin embargo, las mujeres no podían ir a la universidad en Polonia y la tierra de las oportunidades en aquel momento se llamaba París. Por eso, durante cuatro años trabajó como institutriz para ayudar a financiar los estudios de  medicina de su hermana Bronia en la capital francesa.  Tras la larga espera, cuando su hermana podía ya ayudarla a ella, Manya también se trasladó a  París, donde se licenció en física y  matemáticas. En casa de un amigo conoció a Pierre, también físico y la atracción entre los dos fue inmediata. Así como Marie había buscado y disfrutado la libertad que había ganado en París, Pierre había vivido con sus padres hasta que se casara con Marie, un año después de conocerla. Era un joven idealista, 8 años mayor que Marie y totalmente impermeable a las convenciones sociales: de niño había sido educado en casa y su propósito era dedicar su vida al trabajo científico.  La luna de miel fue un viaje en bicicleta por Île-de-France.

Con sus queridas bicicletas...
 Empujado por Marie, Pierre presentó su doctorado en magnetismo y fue designado profesor de la EPCI (Escuela de Física y Química Industriales de la ciudad de París). Mientras tanto, Marie quería investigar pero primero se aseguró un sueldo como profesora en una escuela femenina. Dos años después de casarse nacería la primera hija del matrimonio, Irène, y Marie iniciaría su doctorado.

Marie con sus hijas Irène y Ève
 Los rayos X, descubiertos por Röntgen, causaron un fuerte impacto científico y social y muchos investigadores dedicaron sus energías a estudiar estos y otros rayos. Uno de ellos era Henri Becquerel, que estaba buscando sustancias que emitieran rayos X u otras radiaciones al ser estimuladas por la radiación solar. Cuál fue su sorpresa cuando descubrió que las sales de uranio emitían una radiación capaz de atravesar el metal y dejar grabada su impronta en una placa fotográfica sin necesidad de iluminarlas. Él mismo apuntó que estas radiaciones electrificaban el aire, pero sus resultados no causaron gran impresión. Sin embargo a Marie le parecieron interesantes y se propuso analizar distintos materiales y comprobar si electrificaban más o menos el aire utilizando un instrumento, el electrómetro piezoeléctrico, que habían construido años antes Pierre y su hermano. Obtuvo sus primeros resultados positivos con el torio. Analizó entonces la pecblenda, un mineral que contiene uranio y otras sustancias y comprobó que las propiedades electrificantes de este mineral eran muy superiores a las del uranio, todo indicaba que debía haber otras sustancias y  en este punto se unió Pierre al proyecto. Determinaron que se trataba de un nuevo elemento, al que llamaron Polonio. Tras cinco meses de vacaciones descubrieron otro elemento aún más potente al que llamaron radio. No sólo habían añadido dos elementos nuevos a la lista sino que además determinaron que lo que denominaron “radioactividad”  era una propiedad atómica,  que no dependía de la forma química que adoptase el elemento o de las condiciones ambientales: parecía que los átomos no eran las esferas inmutables de Newton sino que tenían una cierta inestabilidad, cambiando por completo la visión que se tenía del átomo en aquel entonces.

Fragmento de uno de los cuadernos de Marie


Pero no todo el trabajo estaba hecho. Para probar de manera determinante la existencia de los dos nuevos elementos tenían que aislarlos y se pusieron manos a la obra en un viejo cobertizo que les prestó la escuela donde trabajaba Pierre. Se inician entonces 3 años de trabajo incansable, procesando toneladas de pecblenda, removiendo ollas, acumulando probetas y separando poco a poco el luminoso radio, que inundaba el destartalado laboratorio de luz contagiosa y trasladaba su fosforescencia a otros materiales, incluso a los cuadernos de laboratorio que hoy en día se conservan en la Biblioteca Nacional de Francia y siguen siendo altamente radiactivos.  Más allá de las quemaduras que a veces sufrían, los Curie nunca se preocuparon en exceso por los efectos nocivos que pudiera tener la radiación, a pesar de que las cicatrices duraban meses, sufrían mucho cansancio, temblores y dolor de huesos. El estoicismo y el romance de la pareja encandilaron a la prensa y se hicieron famosos, situación que incomodaba bastante a los Curie. A pesar que se preveía que las aplicaciones del radio iban a ser numerosas, por ejemplo en medicina, la pareja no quiso patentar el proceso de aislamiento del radio y seguían viviendo modestamente, trabajando en el ruinoso galpón. En 1903 el Nobel de física, que se les concedió a ambos junto a Henri Becquerel por sus estudios sobre la radioactividad, aliviaría la situación económica de la pareja y les daría fama mundial. Sería el primer Nobel concedido a una mujer.

Marie en su laboratorio

Gracias a sus descubrimientos Pierre fue admitido en la Academia de Ciencias francesa y a finales de 1904 se le nombró profesor en la Sorbona. A la también laureada Marie, que además había iniciado el proyecto clave, se la nombró sin embargo su ayudante. A finales de 1904 nació Ève, la segunda hija del matrimonio.
Tanta felicidad tenía sin embargo fecha de caducidad, y es que el 19 de abril de 1906 Pierre moría atropellado por un coche de caballos en la rue Dauphine, sumiendo a Marie en una profunda tristeza.  A pesar de todo, nuestra protagonista siguió adelante, siendo nombrada profesora de la Sorbona poco después de enviudar. 

Una foto del congreso Solvay: Einstein, Curie, Perrin, Poincaré, Planck, Rutherford, Langevin y otras grandes mentes.

Continuó trabajando duramente y solicitó un sillón en la Academia de Ciencias francesa, algo que no agradaba a la prensa conservadora y  que finalmente no le fue concedido. En el plano sentimental Marie había iniciado una relación furtiva con Paul Langevin, otro profesor que estaba casado. Tras el primer congreso Solvay en 1911, donde se habían reunido los grandes físicos de la época para hablar de la radiación y los cuantos, el affaire se filtró a la prensa y a punto estuvo de costarle a Marie el segundo premio Nobel, ésta vez en química, por sus descubrimientos del radio y el polonio.  Se inició una nueva campaña de desprestigio, que cuestionaba los méritos de Marie para este segundo premio y además Curie pasó a ser considerada de nuevo extranjera y nada menos que  enemiga de las madres francesas. A Paul Langevin le costaría un duelo y el divorcio.

Paul Langevin y sus bigotes
Marie cayó enferma y fue cuidada por sus amigos, sólo retomó su trabajo un año después. Se había iniciado la construcción del Instituto del Radio. La Primera Guerra Mundial pondría todo patas arriba pero Marie no se iba a quedar de brazos cruzados. Tras poner a salvo ella misma el radio aislado hasta el momento y haciendo gala de una increíble valentía, Marie montó una flota de ambulancias equipadas con equipos de rayos X para asistir a los soldados heridos en el frente. Ella misma se desplazaba allí donde se requería su trabajo. Además formó muchos técnicos de rayos y su propia hija, Irène, participó en este servicio, viviendo el conflicto en primera persona.

Irène con su madre

En los últimos años de la vida de Marie cobra importancia la figura de Marie Meloney, una periodista norteamericana que popularizó la figura de la gran científica en Estados Unidos, restaurando su imagen. Además con los fondos recaudados por todo el país se consiguió dinero suficiente para comprar dos gramos de radio y otros materiales para investigación. Otro motivo de alegría para Marie serían las investigaciones de su hija Irène y su yerno, Fréderic Joliot-Curie. No viviría sin embargo para ver que se les había concedido el Premio Nobel de química en 1935, pues murió de leucemia un año antes dejando eso sí, un mundo un poco más iluminado.

Dedicado a Patricia, mi mejor amiga y dueña del libro. Ella lo leyó primero con entusiasmo radioactivo.
Para saber más...
http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/physics/articles/curie/ 
Curie - Sarah Dry y Sabine Seifert

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